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Cuando las cosas son gratis, el producto eres tú, pero además pagarás por seguir siéndolo

Cuando las cosas son gratis, el producto eres tú, pero además pagarás por seguir siéndolo


La máxima “cuando las cosas son gratis, el producto eres tú” se ha convertido en un axioma fundamental en la era digital. Esta frase encapsula la
realidad de que muchos servicios y productos digitales que se ofrecen de manera gratuita, en realidad, monetizan a sus usuarios mediante la
recopilación y venta de sus datos personales, sus hábitos de uso y su atención publicitaria. Esta práctica ha sido común en redes sociales, motores de
búsqueda y aplicaciones gratuitas, donde el acceso libre al servicio se intercambia por una vasta cantidad de datos que las empresas pueden
comercializar con terceros o utilizar para publicidad dirigida.

Los servicios gratuitos funcionan mediante un proceso en el que se recopilan y analizan grandes cantidades de datos sobre los usuarios. Esto incluye
información personal, como nombre, edad y ubicación, así como detalles sobre su comportamiento en línea, como los sitios web que visitan, las búsquedas
que realizan y las publicaciones con las que interactúan. Con estos datos, las empresas pueden crear perfiles detallados y personalizados, lo que les
permite dirigir publicidad de manera más efectiva. En algunos casos, los datos de los usuarios también se venden a terceros, como empresas de
publicidad o agencias de marketing, lo que genera un flujo constante de ingresos para las plataformas que ofrecen estos servicios “gratuitos”.

Sin embargo, esta máxima ha evolucionado en los últimos años, reflejando un cambio en las estrategias de monetización de las empresas tecnológicas.
Está evolución nos posiciona en un nuevo escenario en el que, “cuando las cosas son gratis, el producto seguimos siendo nosotros, pero además pagaremos
por serlo”.. Una nueva y destacada tendencia creciente en la economía digital donde, además de explotar los datos de los usuarios, las empresas también
buscan obtener ingresos directos a través de suscripciones, compras dentro de la aplicación o servicios premium. Esta evolución no solo mantiene a los
usuarios como productos para la publicidad dirigida, sino que también les impone costos adicionales por acceder a ciertas funcionalidades o una
experiencia mejorada.

Este cambio tiene varias implicaciones. Por un lado, las empresas digitales han desarrollado múltiples flujos de ingresos. Aparte de vender datos a
terceros o utilizar datos para publicidad dirigida, ahora también cobran a los usuarios directamente por servicios premium, suscripciones o
funcionalidades adicionales. Esto maximiza el valor que pueden extraer de cada usuario, combinando la monetización indirecta con ingresos directos.
Además, aunque los usuarios paguen por ciertos servicios, la publicidad dirigida sigue siendo una fuente importante de ingresos. Esto significa que los
usuarios no solo pagan por los servicios, sino que también continúan siendo objetivos para los anunciantes. A pesar de pagar, las promesas de mejor
privacidad y protección de datos a menudo no se cumplen plenamente, y los datos de los usuarios siguen siendo recopilados, analizados y utilizados con
fines comerciales.

Un ejemplo claro de esta evolución es el plan básico con publicidad de Netflix. En este modelo, los usuarios pagan una tarifa mensual reducida,
significativamente más económica que los planes sin publicidad. Sin embargo, a cambio del menor costo, los usuarios deben ver anuncios que se muestran
antes, durante y después de algunas películas y series. Además, ciertos títulos no están disponibles en este plan debido a restricciones de licencias,
lo que significa un acceso limitado al catálogo completo de Netflix. En esencia, los usuarios están aceptando ver anuncios a cambio de pagar menos por
el servicio. Además, sus datos de visualización se recopilan y utilizan para dirigir la publicidad de manera más efectiva.

Sin embargo, esta modalidad es solo un espejismo. Para llegar a este punto, Netflix ha ido incrementando el precio de sus servicios para luego reducir
un porcentaje de su costo a cambio de incluir publicidad. En otras palabras, los clientes terminan pagando lo mismo que antes de las subidas de
precios, pero ahora aceptan la publicidad. Esto muestra cómo las empresas pueden reajustar sus estrategias de precios y monetización, haciendo que los
usuarios paguen indirectamente más a largo plazo, manteniendo la rentabilidad de la plataforma mientras diversifican sus fuentes de ingresos.

Twitter Blue y Meta Verified, las suscripciones de pago de Twitter y Facebook respectivamente, son ejemplos claros de la evolución del modelo de
negocio. Estas plataformas no solo monetizan a través de la publicidad y la venta de datos, sino que ahora también ofrecen opciones de pago a los
usuarios que buscan una experiencia más completa o exclusiva.

Los usuarios que no pagan pueden enfrentar más publicidad y menos privacidad, mientras que los usuarios que pagan obtienen una mejor experiencia, pero
no necesariamente una privacidad total. Al pagar, los usuarios esperan más valor y una experiencia mejorada; sin embargo, si la privacidad no mejora
sustancialmente, esto puede llevar a la frustración y desconfianza.

A pesar de este cambio cambio que prometía traer más seguridad de la privacidad y la información de los usuarios, los datos no están seguros ni
se puede asegurar que no se esté haciendo nada indebido con ellos.

Las promesas de mejor privacidad y protección de datos a menudo no se cumplen plenamente. Aunque las empresas pueden afirmar que toman medidas para
proteger la información de los usuarios, la realidad es que los datos siguen siendo recopilados, analizados y utilizados con fines comerciales. Los
usuarios a menudo no tienen un control total sobre cómo se utilizan sus datos y, en muchos casos, no son plenamente conscientes de las prácticas de
recopilación y uso de datos implementadas por las empresas.

Además, la seguridad de los datos personales está constantemente amenazada por vulnerabilidades y brechas de seguridad. Incluso con regulaciones y
medidas de protección en vigor, los incidentes de violación de datos son comunes y pueden tener graves consecuencias para la privacidad de los
usuarios. En el último mes, grandes empresas como Telefónica, Santander, Iberdrola, La Universidad Complutense de Madrid o la propia DGT han sido
víctimas de ataques informáticos. Estos ataques han comprometido datos personales, de clientes y de más de 34 millones de conductores de la DGT, que
fueron puestos a la venta. Esta serie de hackeos ha afectado a millones de clientes. Ante este escenario, la transparencia es limitada, y muchas
empresas no proporcionan detalles completos sobre cómo y para qué se utilizan los datos recopilados, y en menos casos, una compensación por estos
graves incidentes.



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Ejecutivo de Soporte Siete2
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